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imagen de Niana, de la saga Sión

Niana en El Valle del Silencio

El paisaje helado, tejido como si de un grueso manto de nieve se tratase, tapizaba el suelo. A lo lejos, una cordillera inalcanzable extendía sus cumbres por el horizonte.

En valle níveo solo se sentía el susurro del Silencio; él reinaba en aquel paraje agónico. El límite arbóreo mostraba, entristeciendo el camino, las figuras de los escasos pinos negros recubiertos de nieve. Antaño, colonos de una era más cálida; ahora, prisioneros de su propia arrogancia. Una advertencia muda para los aventureros. Advertencia de melancólicas siluetas y tenebrosas sombras sobre la nieve virgen. El frío viento recorría todos los rincones del valle, silbando un himno de muerte al que ninguna criatura se resistía.

Una silueta avanza hacia las colinas, enfrentándose al Señor de Valle al mancillar el suelo con la imprenta de los cascos de su brioso corcel. Él la ha descubierto y, enfurecido ante su osadía, envía sus ráfagas más heladas hacía ella. Envuelta en una aterciopelada capa se deja guiar por el animal, solo la fuerza del odio le impulsa a sujetar fuerte las riendas de la vida. Jinete y montura se mantienen aferrados a una promesa de venganza.
El hermoso caballo blanco cabalga clavando los cascos en las entrañas de la nieve. Marcha ante la muerte; el viento no consigue con su furia que éste disminuya su carrera. La figura que lo monta, consciente de que pende de la resistencia y el coraje de Skin-faxi, reza para que la magia de su génesis no se agote. Conocedora de su gran poder, fija la vista en su muslo izquierdo; siente el potente corazón bombeando sangre. En su fuerte pulso, alberga la esperanza.

Silencio, colérico, barre la llanura arrancando con su ira los árboles. El cielo brama ante tal osadía; las nubes se concentran tiñéndolo de negro. Nadie atraviesa sus dominios, pero el semental no retrocede. Los músculos del animal destilan energía, las sedosas crines flotan sobre el viento helado llenándose de escarcha, proveniente de la entrecortada respiración de su jinete; el cual acurrucado tras él, mira con obsesión el refugio que ofrecen las montañas.
La furia del viento ha incrementado, jamás el Señor del Valle ha sido derrotado. Todo lo que ha penetrado en él, ha perecido. La tormenta se desencadena sin previo aviso. Los relámpagos inundan la bóveda, mientras una cortina de nieve se precipita en caída libre. Una ráfaga de hielo ha descubierto el rostro del jinete. Una figura de facciones femeninas con un cierto tono azulado debido a las bajas temperaturas. Un perfil hermoso y salvaje se yergue orgulloso, su mirada es más fría que el Señor del Valle y tan blanca como la nieve. Encima de esos enigmáticos ojos se extienden unas cejas finas de ébano.
Silencio la ha descubierto como mujer y recorre enamorado sus facciones. Primero las mejillas, helándolas, después la nariz para más tarde descender hacia los sensuales labios sin conseguir producir ningún efecto en ella.
La tormenta ha cesado. Doblegado se refugia entre sus largos cabellos y, enredado en ellos, empieza el atardecer. Los últimos rayos de sol se muestran en un amplio abanico de tonalidades naranjas y rojizas. Ocultos junto con el viento provocan destellos plateados entre los mechones que han quedado libres de la protección de la capa.
Skin-faxi ha finalizado su carrera. Ha dejado atrás el Valle del Silencio. La mujer gira el rostro observando sus huellas en la nieve. Niana suspira tranquila.
Han vencido al Señor del Valle.

Niana

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