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Lucia Solaz Frasquet escritora de literatura romántica

Lucía Solaz nos descubre…

Lucía Solaz Frasquest (Valencia, 1974) escritora de, entre otras obras: Manuscrito en el tiempo, El retorno de los bardos y Entre sombras,todas editadas por sinerrata.

 

Una de las preguntas, para mí, imprescindibles a la hora de “hablar” con un escritor, en este caso escritora, es intentar datar su pasión por la literatura. El inicio de esa chispa incandescente que la ha convertido en una prometedora “estrella.

Supongo que de niña. Recuerdo los cuentos que nos narraba mi abuelo (seguramente repitiéndolos mil veces con paciencia infinita) junto a los libros, los dibujos animados de los fines de semana y el cine.

Fui una lectora voraz e indiscriminada. También escribía y me contaba historias a mí misma, sobre todo antes de dormir, como una forma de entretenerme hasta que llegaba el sueño.
Sospecho que, muchas veces, las historias que nos hacen soñar y nos transportan a otros mundos son lo que nos permite sobrevivir condiciones que no son siempre ideales. No obstante, lo que de verdad me apasiona es el poder de las historias, en el formato que sea.

 

Por norma general, todos los escritores se confiesan ser ávidos lectores desde la tierna infancia. De entre todas las páginas leídas ¿qué género cree que le ha influenciado más?

Debo ser producto de todo lo que he leído, visto y experimentado a lo largo de mi vida. Me resulta muy difícil apuntar las influencias más significativas porque, como se suele decir, no hay libro tan malo del que no se pueda aprender algo bueno. Crecí devorando todo lo que caía en mis manos sin plantearme género, escritor o nacionalidad. Ahora tengo que ser más selectiva por una cuestión de tiempo, pero durante años leí obras que seguramente eran impropias de mi edad. La biblioteca de mi hermana, gran lectora y cinco años mayor que yo, era una mina. Recuerdo que la portada de El lobo estepario de  Hermann Hesse me aterrorizaba, pero al final logré vencer el miedo.
Soy sobre todo lectora de ensayo y novela. Quizá debido a una naturaleza impaciente, debo confesar que la poesía, salvo honrosas excepciones como Lorca o Walt Whitman, todavía no me ha atrapado.
De adolescente leí mucho a  Stephen King y adoraba la novela histórica y las biografías. Más adelante llegarían Mary Shelley, las hermanas Brontë, Stevenson, Oscar Wilde, Jane Austen, Evelyn Waugh, Gerald y Lawrence Durrell…

Al igual que todos los artistas, los escritores también poseen un hecho relevante, en este caso buscamos una novela, que le haya marcado en su vida o en su trayectoria profesional.

Uy, qué difícil señalar una sola… Si me presionas, creo que me decantaría por Las Mil y Una Noches. La desbordante fantasía de esta historia, donde una mujer inteligente y hermosa es capaz de aplazar su ejecución cada noche cuento a cuento, tiene su miga.

Llegados a este punto, donde ya podemos situar un origen, ¿cuándo se plantea escribir una novela? y ¿por qué romántica
En realidad, nunca pensé “voy a escribir una novela”. Estudié lo que entonces se llamaba Ciencias de la Imagen Visual y Auditiva porque me gustaba la idea de ser guionista de cine, pero a mitad de carrera me enamoré de la investigación. Durante años me dediqué en exclusiva a la crítica cinematográfica y al ensayo. Publiqué un par de libros de análisis fílmico y al concluir la tesis doctoral me hallé de repente sin nada que hacer. Manuscrito en el tiempo me permitió sobrellevar ese momento de crisis. Continué con lo que había sido mi rutina durante meses: levantarme, ponerme frente al ordenador y escribir todo el día. Fue así como surgió la fantasía de Kirstiane y Derran, mis encantadores protagonistas medievales. Cuando su relato resultó demasiado largo para ser un cuento y demasiado corto para una novela, decidí extenderlo mediante un viejo recurso, colocándole un marco en el que Andrea, una estudiante en el Londres contemporáneo, encuentra el manuscrito. Y luego apareció Claire, la autora del relato inicial, una joven aristócrata victoriana con una personalidad propia y una vida que contar.

Fue un proyecto de elaboración lenta, iniciado en 2003 y retomado a lo largo de los años.   Sólo al terminar la primera versión, alrededor de 2007, pensé que quizá valía la pena intentar publicarla.

En cuanto al género, nunca he sido lectora de novela romántica y siempre me sorprende que se me aplique esa etiqueta. Es cierto que las relaciones románticas son esenciales en todas mis historias, seguramente porque las considero un gran motor de transformación personal. Sin embargo, quiero pensar que mis novelas encierran mucho más y me encanta comprobar que algunos lectores, tanto hombres como mujeres, se han sentido agradablemente sorprendidos después de casi haberlas descartado porque el género no les llamaba la atención.

 

La pluma fluye hacia donde el corazón guía… ¿Por qué Inglaterra? ¿Qué lazos le unen a ese país, para detallar en sus libros, los mejores y más bellos escenarios?
Inglaterra es mi país de adopción  y cuatro de las cinco novelas que he escrito hasta la fecha (tres de ellas ya publicadas por sinerrata) transcurren aquí. Me encanta este país y supongo que su cultura es, junto a la española, la que más me ha influido y a la que más cercana me siento.
Vine por primera vez a Londres en 2001, cuando estuve un año trabajando como profesora y escribiendo mi tesis sobre el cine de Tim Burton. Regresé a España, donde comencé Manuscrito en el tiempo sin sospechar que me volvería a instalar en la ciudad en 2004, esta vez para quedarme. Desde aquí he viajado bastante, tanto dentro como fuera del país, y muchos de esos viajes se reflejan en mis novelas.
Mientras Londres y otras regiones de Inglaterra y Escocia son protagonistas en Manuscrito en el tiempo y El retorno de los bardos, Entre sombras se desarrolla en Oxford, Cornualles y una granja en Devon. Fue muy divertido investigar cómo es la vida rural en ese hermoso condado del suroeste. El viento en el agua, mi cuarta novela, también transcurre en Inglaterra, esta vez en los años posteriores a la segunda guerra mundial, mientras una parte fundamental de mi quinta novela se desarrolla por primera vez en España.

A veces me siento como una guía turística  y me pregunto si no me estaré pasando con tantos detalles y descripciones de aspectos que me resultan curiosos o destacables, pero numerosos lectores han señalado lo mucho que les ha gustado recorrer esos paisajes conmigo.

 

Dicen que la labor más ardua de un escritor es la investigación. Plasmar la fantasía al papel y adaptarla para que el lector la encuentre creíble, sin lugar a dudas, suma muchas horas al proceso de elaboración de una novela. ¿Tuvo que investigar mucho a la hora de confeccionar el mapa, tan variopinto de lugares y escritores, que aparecen en las dos novelas (Manuscrito en el Tiempo y El retorno del bardo)?

Como decía, Manuscrito en el tiempo surgió directamente después de años dedicada a la investigación, así que siempre me pareció natural que fuera parte esencial del proceso. La documentación todavía es uno de los elementos que más disfruto de la escritura y siempre resulta un placer, aunque luego me agobie descubrir que he de manejar montones de carpetas y cientos de documentos de todo tipo.
Una vez concluyo el grueso principal de la investigación y comienzo a hilvanar las distintas historias, a menudo me asalta la imagen mental de estar construyendo una criatura a base de retazas, como el barón Frankenstein. Excepto Entre sombras, que cuenta con una estructura y un hilo argumental más sencillos, todas mis novelas están formadas de historias que se entrecruzan. Es como encajar las piezas de un puzzle y me parece un proceso muy estimulante, si bien no siempre fácil.
El nombre de Claire es un homenaje a Lord Byron, cuya biografía, además de la de Mary Shelley y sus contemporáneos, conocía bien. Viajé a Holanda y me documenté en profundidad sobre el siglo diecisiete en los Países Bajos, lugar en el que basé Gramkia, la tierra de la familia de Kirstiane. También investigué las costumbres medievales, enterándome de cosas tan curiosas como que no conocieran el tenedor, así como las tradiciones de los celtas y otros pueblos como los aborígenes australianos y los indios americanos, que empleé para darle forma a los Imabi. Para mí siempre fue importante darle a la “fantasía” la base más “real” posible.

Andrea es estudiante de literatura inglesa y en ese momento, en el que me había familiarizado bastante con el siglo diecinueve inglés y sus expresiones góticas, me pareció natural que analizara ese periodo fascinante y diera con Claire, una autora de la época victoriana. Me gustaba que Andrea y Claire leyeran las mismas novelas y compartieran emociones y conflictos similares con más de un siglo de separación.

 

La primera vez que leí algo sobre “Lucía Solaz Frasquet” fue una escueta catalogación que decía: escritora de novela femenina. Es cierto que, las protagonistas de sus dos novelas principales son mujeres fuertes, valientes y sus compañeros masculinos ejemplifican las dos caras de una misma moneda (encantadores/horribles); pese a no estar de acuerdo con la catalogación, ¿por qué esa caracterización, tanto femenina como masculina?

Las tres protagonistas se fueron desvelando de forma independiente y sólo descubrí los paralelismos entre ellas al concluir la novela. Hasta entonces no me había siquiera percatado de mi interés por el tema de la identidad, que luego ha resultado ser central en todas mis historias. Mis protagonistas se preguntan quiénes son y llegan a distintas conclusiones dependiendo de su nivel de evolución, que es reflejo del mío propio.
En el momento de describir a las tres heroínas había concluido una etapa importante de mi vida y estaba tratando de redefinir mi propia identidad como ser humano y como mujer, así como mi lugar en el mundo. Las protagonistas femeninas me permitieron explorar esas cuestiones universales y quizá por eso los hombres desempeñan un papel menor y presentan características más extremas, desde la idealización de Derran, Kyle y Edward al despotismo opresor de los padres de Kirstiane y Claire, con su reflejo en Miguel, el antiguo novio de Andrea. En la novela gótica que estudia Andrea suele haber un villano cruel que persigue a la heroína. Lo importante en todos esos casos es cómo responde la mujer ante esa difícil situación, si acepta el papel de víctima o lucha por tomar las riendas de su propia vida. Miguel intenta anular a Andrea pero, en realidad, él es igualmente víctima de sus propias inseguridades, que proyecta en ella en lugar de tratar de superar. El padre de Kirstiane se revela también como víctima de sus propios miedos y para mí fue muy grato observar su evolución.

 

Sus dos novelas las conducen tres mujeres que, a su manera, cada una vive una lucha interna, pero las tres forman una indiscutible historia de superación. ¿Fue verdaderamente consciente de la proyección que les confería a sus protagonistas? ¿Por qué hacerlas luchar contra la sociedad?

Los seres humanos estamos cargados de paradojas y contradicciones. Todos luchamos entre el deseo de pertenecer al grupo y el anhelo de ser diferentes y expresar nuestra individualidad, del mismo modo que tratamos de encontrar el equilibrio entre la libertad personal y la vida en pareja. A todo esto se le añaden además las características de cada género.
Imagino que, a la hora de emprender mi primera novela, me resultaba más fácil identificarme con mi propio sexo, aunque nunca llegó a ser una decisión consciente. Con independencia de la época en la que hayamos nacido, nos enfrentamos siempre a diversas pruebas y retos. Kirstiane, Andrea y Claire se ven envueltas en situaciones a las que deben responder con las herramientas y recursos a su disposición. Todas ellas tocan fondo, y varias veces además, pues a menudo sólo en medio de la oscuridad y la desesperación más absoluta descubrimos quiénes somos y cuál es nuestra verdadera fortaleza. Entonces nos damos cuenta de que la única salida posible es hacia arriba. Como dicen por aquí, lo que no te mata, te hace más fuerte.
En el mejor de los casos, ser mujer no es fácil. Incluso hoy en día nacer niña supone experiencias muy distintas en España, la India, China, Somalia o Pakistán. Pero claro, lo mismo se puede aplicar a los hombres. ¡Ser hombre tampoco es nada fácil! También ellos se enfrentan a sus propios demonios, que no les envidio en absoluto.
En mis dos últimas novelas he disfrutado explorando el punto de vista de varios hombres, así como el tema de la construcción de la masculinidad. Esta agotadora batalla de los sexos en la que nos hemos visto envueltos durante siglos nos convierte en víctimas a ambas partes y creo que ha llegado el momento de superarla. Tendemos a asumir en lugar de preguntar y a tomarnos las cosas de forma personal, creándonos así un sufrimiento innecesario. Algo mágico sucede cuando hombres y mujeres cuestionan los condicionamientos sociales y culturales que se aplican a su sexo, se enfrentan a sus miedos y se esfuerzan de modo genuino por comprender al otro en lugar de tratar de someter y descalificar.

 

Cada escritor tiene sus propias experiencias a la hora de hablar sobre editoriales o autoedición. ¿Qué ocurrió cuando presentó por primera vez el proyecto: Manuscrito en el tiempo? ¿Fue sinerrata su primera opción? ¿Se llegó a plantear autoeditar en algún momento?

Publicar es toda una aventura en sí misma. Envié el manuscrito a varios agentes literarios y editoriales y al final recibí alrededor de ocho negativas. A lo largo de ese proceso, que llevó unos años, continué puliendo la historia y trabajando en su continuación.
Cuando a principios de 2011 me llegó el rechazo de una gran editorial que había tenido la novela varios meses, apenas tuve tiempo de desanimarme. Acababa de terminar el primer borrador de lo que sería El retorno de los bardos y estaba atrapada con la historia de Entre sombras. Absorta por completo en su escritura, el resto de mi vida, incluida la búsqueda de otra editorial, quedó en suspenso.
El milagro se produjo en mayo de ese año. A sinerrata le llamó la atención la sinopsis que había puesto en el espacio de promoción de Escritores.org y me pidió el manuscrito. Fue un encuentro orquestado por el destino, no me cabe la menor duda, y en muchos sentidos sinerrata ha sido la editorial ideal para mí. Recuerdo haber considerado la posibilidad de autoeditar, pero en este caso me alegra no haber seguido adelante, pues sinerrata ha enriquecido considerablemente mi experiencia como autora.

 

Por último, una novela que recomendaría a los lectores de este web y ¿por qué?

No tengo autores o libros favoritos porque elegir entre tantos sería pura tortura. Aquí voy a hacer trampa y responder con varias opciones. Los de siempre son Jane Austen, Oscar Wilde, El cuarteto de alejandría

 

Muchísimas gracias a Lucía Solaz por haber tenido la suficiente paciencia para contestar nuestras curiosidades. Agradecemos, también, a sinerrata por su colaboración.

Estas son nuestras reseñas de Manuscrito en el Tiempo y El retorno de los bardos

 

 

 

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