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Crónicas Zombi: preludios y orígenes de Alejandro Arnaldos Conesa

Crónicas zombi: Preludio y orígenes de Alberto Arnaldos Conesa lleva el blog Crónicas zombi, web en la que se basan los textos aquí reseñados. Autor de esta obra junto a dos más, todas de temática zombi y que se pueden encontrar en Amazon. Dispone de cuenta en twitter @AlexArnaldos, para los que deseén entrar en contacto con él.

Este Crónicas zombi: Preludios y orígenes consiste en una especie de fixup de cuentos que ha ido publicando en su web. Consta de dos partes bien diferenciadas:

•     Una primera (Preludios) de cuentos cortos más o menos independientes.
•     Una segunda novela corta (Orígenes) de tipo coral que narra una única historia.

Antes de entrar en harina con esta reseña debo decir un par de cosas: en primer lugar que el subgénero de zombis, al menos en lo que se refiere a cine, me gusta bastante por no decir mucho; en segundo lugar que, salvando algún relato corto y Guerra Mundial Z (Max Brooks) no he leído nada de ese subgénero. Al contrario, debo decir que la horda (quizá nunca le vino mejor semejante calificativo) de libros que de esa temática siguieron al de Brooks (novelas publicadas), sin duda también influenciados por la magnífica serie de cómics de Los muertos vivientes (Robert Kirkman), no sólo me causa desconfianza sino incluso repelús. Me daba la impresión de que semejante avalancha desvelaba una maniobra por completo editorial: los mercaderes del papel habían descubierto un nicho comercial y han decidido sacarle réditos máximos. Si con ello deben publicar cualquier texto que llegue a sus manos, sin importar que apenas tuviera una calidad mínima, perpetrado por autores que apenas supieran juntar palabras, poco les importa: siempre habrá lectores ávidos de comecerebros. Más allá de la avalancha, y como fenómeno hijo, está la moda de las bastardizaciones; ésta empezó si no me equivoco por Orgullo y prejuicio y zombis, engendro que mancha el nombre de Jane Austen por culpa de Seth Grahame–Smith (novelas publicadas), al que siguieron demasiados pastiches: semejantes engendros no han ayudado lo más mínimo a que mejorara mi concepto ante esta moda. Por todo esto me he mantenido en una –no sé si sana o no– distancia de este fenómeno. En mi pila quedan (ver pila), y quizá para los restos, compilaciones de relatos de ese subgénero como Zombies y Zombies 2 , ambas agrupadas por de J.J. Adams.
Como habéis visto he escrito ‘y quizá para los restos’. ¿Por qué? Pues, el temor de que la moda ocultara textos de pésima calidad se ha visto confirmado, aunque sea de manera parcial, con la lectura que voy a criticar. Me niego a admitir que grandes plumas como Dan Simmons, Clive Barker o Stephen King (por nombrar a sólo tres de los incluidos en las compilaciones antes citadas) se unan a la moda con la misma paupérrima calidad de texto que el que tengo entre manos.

Tras sufrir lo leído en Crónicas zombi: Preludios y orígenes siente el irrefrenable impulso de poner todo el terreno posible entre mi persona y el moho Z que ha cubre las estanterías de las librerías. Al mismo tiempo me demuestra la falta de valor de ese concepto llamado best seller, y por extensión del criterio crítico de las masas. Para entender esto sólo hay que ver las estadísticas de este libro en Amazon (a fecha de 17-02-2014):

 

  • Clasificación en los más vendidos de Amazon: n°1.087 Pagados en Tienda Kindle
  • n°22 en Tienda Kindle > eBooks Kindle > Fantasía, terror y ciencia ficción > Terror
  • n°27 en Libros > Fantasía, terror y ciencia ficción > Terror

Me provoca pavor comprobar el nivel de ventas del libro. Casi parece que de verdad estoy viviendo un apocalipsis zombi, pero uno donde los descerebrados no recorren las calles como no muertos sino que se apuntan a la moda de los libros Z.
¿Por qué ataco de esta manera a este libro, y en cierta medida en general a este –espero que efímero– fenómeno? Pues porque Crónicas zombi: Preludios y orígenes supone un enorme cúmulo de despropósitos en cuanto al saber hacer literario. Procederé a describir los más graves a continuación, si bien invito a quien quiera a descubrirlo por sí mismo. Le aseguro que su cordura flaqueará, o incluso desaparecerá devorada por la pluma del señor Arnaldos.

Empecemos:
De entrada, lo más significativo y preocupante: está mal escrito, pero que muy mal escrito. Con eso me refiero a que quien lo ha escrito no demuestra tener la más mínima posesión de eso que algunos consideramos El Arte de Escribir. Narrar no se reduce a juntar palabras contando una historia. Hacen falta ciertas dotes mínimas para lograr que el lector se meta en la obra y se sienta no sólo implicado, sino a poder ser protagonista. Más si cabe en un subgénero como el del terror zombi donde se juega con el instinto más básico posible, el de supervivencia. Una de las normas de la profesión de escritor (vital a mi entender y al de muchos expertos) está implícita en la regla de que ya le resalté al señor Kuperman: mostrar, no contar (reseña de Invocación de Leonard Kuperman). En el caso del señor Arnaldos de nuevo nos encontramos ante un autor que más que describir lo que ocurre nos lo cuenta. Se apoya sobre todo en diálogos, relegando la parte descriptiva a lo mínimo, y cuando se dedica a ello lo hace con evidente torpeza. La manera de escribir encaja en un texto de lectura rápida, pero la tergiversada idea de velocidad en la narración a costa de convertirla en una cáscara hueca ( si quiere un ejemplo extremo pero magistral de dinamismo literario le invito a que lea Vampiros, de Matheson -novelas publicadas-). Esa rapidez se basa sobre todo en que toda la obra está narrada en primera persona, en una especie de chorreo apresurado (por no decir casi en tiempo real) de las vivencias de los protagonistas. Más adelante ya hablaremos de ese recurso estilístico del que a nuestra impresión el autor abusa (y lo hace mal).
Las carencias en cuanto a vocabulario resultan alarmantes, encontrándose uno con sucesiones poco menos que ofensivas del verbo comodín ‘ser’. A eso se une la repetición de palabras descriptivas, tanto adjetivos como nombres y adverbios, junto a giros y expresiones. Parece que no puede describir lo que pasa sin salir de un limitadísimo abanico de vocablos. Así a veces tenemos la misma palabra (y no me refiero a conjunciones, pronombres o artículos, no) repetida varias veces en la misma frase.
A estos defectos estilísticos se debe unir la puntuación, horrible por momentos. Uno parece que está inmerso en ese engendro llamado whatsapp (o similares), que junto a los SMSs se han convertido en úteros de modernas aberraciones sintácticas. Hay párrafos en los que los signos de puntuación parecen colocados de manera si no aleatoria sí infantil, sin apenas criterio. Y eso cuando los hay: cuesta mucho encontrar un vocativo bien puntuado. Si a ello le añadimos la enorme cantidad de faltas de ortografía (lo de tildes -las tildes es poco menos que batalla perdida en estos nuevos ‘literatos’-) tenemos un panorama formal de absoluto descuido. Casi se podría decir que muy apocalíptico y zombi, sí.
Luego está que algunas escenas están muy forzadas, como cuando llega la caballería justo en el momento exacto para salvar a los héroes. Recursos tópicos y fáciles para salir de un aprieto argumental.
¿Qué se deduce de todo esto? Se nos ocurren dos posibles explicaciones:
•     Que la ‘maestría’ del autor no dé para más, que esto sea todo lo que puede hacer con sus conocimientos literarios, y punto. El hombre lo ha intentado, algo que de por sí ya le diferencia de quienes ni siquiera se ponen a ello, pero no lo ha logrado. Por eso se merecería el mínimo reconocimiento del esfuerzo… y decirle que se ponga las pilas para una siguiente vez. Eso daría completo sentido a que nos hallemos ante una autoedición: ningún editor seria permitiría que se asociara a su nombre y marca comercial un texto así escrito. Aunque visto lo visto (ver reseña de La niebla que cubre las aguas) puede que incluso en eso nos confundamos y haya editores a los que les importe un bledo la impresión que cause al lector lo que editan. Al fin y al cabo lo leerán una vez ya han pagado, lo único importante.
•     Que la labor de revisión sea nula. Esto se puede dar, sobre todo si tal y como se intuye en el blog del autor parece que tenía prisas por sacar a la luz más historias porque se las pedía los fans. En esa tesitura nosotros nos preguntaríamos ¿merece la pena publicar algo apenas revisado sólo por satisfacer los apetitos del público, o mejor hacer esperar a la gente y brindarles un buen producto, cuidado y de calidad? En un mundo donde la telebasura vende en ‘prime time’ la pregunta no tiene clara respuesta.

Aun con todo, pese a estar mejor o peor escrito el libro y constreñido en un subgénero muy limitado, Crónicas zombi: Preludios y orígenes podría aportar frescura con nuevas ideas, o al menos dibujar personajes con profundidad, como sucede en los cómics de Los muertos vivientes. Pero ambos posibles senderos creativos casi con total seguridad supondrían aplicar una lentitud a la lectura que el autor no desea. El libro casi parece responder a las críticas surgidas tras la segunda temporada de la famosa serie de televisión: que se hacía muy lenta, sin acción. Y para conseguir no caer en ese ‘pecado’ y mantenerse dentro de esa rapidez los personajes y los escenarios han quedado reducidos a cartón piedra.
Si uno ha visto películas de zombis conoce más o menos tanto los escenarios tipo (centro comercial, base militar y edificio cerrado) como los personajes (líder con perfil militar o policial, iniciado en la medicina, insensato con tintes de psicópata, débiles que necesitan de un líder, individualista traicionero, etc.). Pues bien, en este libro no se libra de estos tópicos, con personajes que se ajustan más o menos a esos estereotipos, sin aportar nada nuevo. Pero, de verdad, ¿se puede sacar algo nuevo en este subgénero tan limitado? El subgénero zombi casi, salvo contadas excepciones como la Guía de supervivencia” de Max Brooks, se puede considerar una vía muerta en la que situaciones y conflictos se repiten hasta la saciedad, sólo diferenciables por detalles nimios e incidentales.

Ahora empecemos a hablar de uno de los problemas estilísticos más graves del libro: la narración en primera persona. A lo largo de casi todo el libro nos encontramos el mismo tono narrativo. De esa manera ¿cómo se pretende dar vida a los personajes, si todos y cada uno de ellos hablan igual? Ese narrador en primera persona tiene como objetivo sumergir al lector en las vivencias del protagonista desde su punto de vista absolutamente personal, con las limitaciones que eso conlleva: sólo ve y describe lo que sus sentidos le aportan, nada más. Y gracias a ello un texto narrado en primera persona (o uno bien narrado en primera persona) permite al autor mostrar desde un punto íntimo la mentalidad y manera de pensar del protagonista.
Hasta ahí bien, todos lo entendemos.
Lo complicado, y muy complicado, llega en el momento en que pretendes usar la primera persona en un texto coral, con muchas voces en off distintas. Entonces la voz del narrador se puede convertir en un auténtico laberinto: debes crear tantas voces como personalidades, de tal manera que se debería lograr que cada en texto se pueda identificar al locutor sólo por su forma de pensar, por sus expresiones y manera de reaccionar. Esto no lo hay en este libro: casi todos hablan y piensan de la misma manera, con las mismas faltas sintácticas y giros de vocabulario. En resumidas cuentas: tenemos un cuento coral pero dotado de un estilo monótono, y por lo tanto fallido.
Forzando la máquina vamos a admitir que, casualidad de casualidades, todos tienen una manera de pensar más o menos homogénea. Bien, admitimos pulpo como dios primigenio. Eso nos lleva a la segunda parte del problema del uso de la primera persona en esta obra: utilizar esa voz, por un cariz muy personal que tenga, no te libra del buen uso de la gramática, de la sintaxis y de la puntuación. ‘Es que el personaje se expresa así, así de mal’, puede responder el autor. Pero como lector que exige un mínimo de calidad le respondemos con un rotundo NO.
Ahora el comentario entra en la más absoluta subjetividad. Invito al lector a, si no quiere entrar en este barrizal, pasar a la parte final de la reseña. La parte subjetiva la tabulo para que quede bien diferenciada.

 

     El ampararse en la narración en primera persona para esgrimir un ‘todo vale’ literario hace que alguien como yo se retire y lo dé por perdido. Ante un texto basado en el ‘todo vale’ (estilísticamente hablando) y que enarbola el analfabetismo del protagonista como medio de expresión poco hay que decir. La ‘cultura’ del ‘todo vale’ ha llegado a la literatura en plan ‘oye, que no tengo ni idea de escribir, pero es que estoy narrando en primera persona lo que piensa alguien que tampoco tiene ni repajolera idea de escribir, así que no me pidas ni un solo ápice de calidad literaria’. ¿Estamos quizá ante un continuo monólogo interior libre de reglas en el que la expresión más inculta tiene cabida sólo porque ‘el protagonista es así’? En ese caso se podría decir que nos encontramos en el contrapunto diametral (pero igual de incongruente e insoportable) al de los soldados poetas de La delgada línea roja (Terrence Malick).
El género narrado en primera persona (sección zombi) se convierte en el ‘hágaselo usted mismo’, la barra libre a ‘mi barrio Z’ donde escribo lo que me da la gana y (lo más importante) como me da la gana porque ‘mi prota piensa así’. No he leído otros libros del subgénero, pero me temo que siguiendo ese esquema buena parte del catálogo Z se reduzca a más de ‘¡cómo mola!, un libro de zombis con mi barrio como escenario. A ver si sale Pepito el del kiosko’ que de un texto con unos mínimos criterios de calidad literaria. Vamos, que si todo se reduce a eso el filón no acabará nunca, mientras haya lectores ávidos: siempre habrá un barrio/ciudad en la que no se ha ambientado uno de estos libros, y un grupo de lectores ‘indígenas’ deseando leer la versión Z de su calle. El fan–fiction Z llevado a pie de barrio/ciudad.
¿Dónde está el otro drama del libro? A nuestra opinión en ver cómo un producto que deja tanto que desear en cuanto a calidad literaria ha gustado a tanta gente: el bajo nivel de exigencia de los lectores resulta muy preocupante. O quizá ese tipo de lector, uno al que le da igual ocho que ochenta, suponga en un nuevo ‘nicho cultural’. Pero ese nicho puede llegar a distorsionar hasta un extremo preocupante el concepto de cultura. Entendámonos, en nuestro país (la triste España) la famosa–sin–razón–lógica–alguna Belén Esteban se ha convertido en un best seller. Apaga y vámonos.

Regresamos al libro.
¿Lo bueno que en él encontramos? Porque sí, a este libro se le puede sacar algo bueno: se lee, al menos la primera parte, muy rápido. El formato de relatos cortos, emulando a Brooks, hace que no te acabes de quemar del todo con las historias permitiendo disfrutar de un cierto abanico de paisajes.

Resumiendo: estamos ante pura ‘lectura de metro’, quizá semejante (salvando las distancias) a los libros de a duro de los sesenta y setenta. Un simple pasarratos que no pretende ni puede llegar a más. O queremos pensar que el autor no lo pretende, porque visto lo visto o mejora mucho –lo que no resulta imposible, por supuesto, ante lo cual ya tiene una apreciable y deseable base de seguidores– o se puede llevar un chasco cuando se dé cuenta de que no llega a nada serio. Y si llega a algo serio que me digan dónde está el apeadero que me bajo de este mundo.
Un saludo.

P.D.: Si yo fuera Manuel Loureiro o Carlos Sisí quizá me preocupase un poco (aunque sólo un poco) al leer comentarios en los que les ponen por debajo de este autor. Lo digo más que nada porque tras leer este libro, si hay gente que le pone como mejor que los suyos, me aparta de su obra. Si escriben peor que Arnaldos… uf!

Reseña realizada por Txisko

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1 COMENTARIO

  1. Augusto Peralta

    Lo he leido y no me ha parecido tan horrible, aunque yo lei uno que pone “edicion revisada” asi que puede que corrigiera algunas cosas.
    Es verdad que se nota que el autor es novato, porque en las continuaciones mejora notablemente, ¡y ya lleva 6 libros!
    En cuanto a la orignidad, se nota que queria contar una historia clasica, sin cosas raras que se ven ahora para rizar el rizo y que la burbuja zombi se siga hinchando, y para quien vaya buscando eso seguro que le gustará.

    Pienso que esta es mas bien una historia de personajes, incluso en los relatos cortos creo que prima mas lo que el personaje de turno hace o piensa que lo que ocurre en si.

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